Wazo Coop ha recibido el Premio Grada a la Sostenibilidad Rural, un reconocimiento que la Fundación Primera Fila y la revista Grada conceden a quienes contribuyen a sostener un medio rural vivo.
Más allá del reconocimiento en sí, el premio invita a una reflexión sobre qué entendemos por sostenibilidad cuando hablamos del medio rural. Durante demasiado tiempo, lo rural se ha definido casi en exclusiva por su dimensión agroalimentaria. Es una dimensión legítima e imprescindible, pero parcial. Sostener un territorio no consiste únicamente en producir alimentos: consiste también en producir sentido, vínculos y futuro. Y ahí la cultura deja de ser un complemento para convertirse en infraestructura.
Una apuesta por la regeneración cultural del territorio
El trabajo de Wazo Coop parte de esa premisa. Desde Valdefuentes, la cooperativa ha orientado buena parte de su actividad a la regeneración cultural del medio rural, entendida no como una capa decorativa sobre el territorio, sino como una estrategia de desarrollo en sí misma. La recuperación de un complejo de patrimonio cultural, hoy convertido en dos centros culturales —Santa Rita 16 y Wazo Coop Space—, ilustra bien esta idea: el patrimonio no se conserva para mirarlo, sino para habitarlo y ponerlo al servicio de la comunidad.
Alrededor de estos espacios ha crecido un ecosistema de iniciativas que abarca la edición, la radio, la publicación periódica y la creación artística: Wazo Magazine, Wazo Books, Wazo Coop Radio y Wazo Contemporánea, un fondo de arte contemporáneo concebido desde el medio rural y para el medio rural. Cada una de estas piezas responde a una misma convicción: que las industrias culturales y creativas pueden actuar como motor de desarrollo territorial, generando actividad, oportunidades y arraigo en lugares que con frecuencia quedan al margen de los grandes circuitos.
Las personas, antes que las infraestructuras
Conviene, sin embargo, no confundir el medio con el fin. Los espacios y los proyectos son herramientas; lo esencial son las personas que los sostienen. La comunidad que conforma la propia cooperativa, las profesionales de la cultura que despliegan su trabajo en el territorio y, de manera especial, la comunidad local que respalda cada iniciativa constituyen el verdadero capital de un proyecto como este. La sostenibilidad rural, vista así, es ante todo una cuestión de comunidad: de personas que deciden quedarse, participar y construir.
Este premio confirma una idea que recorre toda la trayectoria de Wazo Coop: el medio rural no es solo sector agroalimentario —que lo es, y a mucha honra—, sino también música, patrimonio, teatro, cine y todo aquello que sus comunidades sean capaces de imaginar. La innovación, lejos de ser patrimonio exclusivo de los grandes centros urbanos, también nace y florece en el territorio.
Gracias a la Fundación Primera Fila y a la revista Grada por este reconocimiento, y a quienes acompañan a la cooperativa en este camino.



